Autor: Sealtiel Enciso Pérez
Los antiguos pobladores de la California eran profundos observadores de la naturaleza que los rodeaba. Los conocimientos que iban adquiriendo en el transcurrir de los años, lo pasaban a las generaciones más jóvenes a través de la tradición oral. A la llegada de los jesuitas, el sacerdote Miguel del Barco inició el proceso de transcribir esos antiguos conocimientos en un libro de singular importancia al cual tituló “Historia Natural y Crónica de la Antigua California”. Aquí transcribo un pasaje muy interesante sobre uno de los animales encontrados en nuestra península:
“Hállanse en la California infinidad de gusanos, casi de todas especies y tamaños, exceptuando los que hacen la seda. En ciertos árboles de buena sombra se crían unos gusanos peludos, medianamente grandes. Cúpome en un viaje el acogerme a la sombra de uno de éstos para descansar, rezar y comer, mientras pasaba la mayor fuerza del sol. Entre tanto algunos de estos gusanos, que habían caído de arriba, andaban sobre mí. Cuando lo advertí, desvié a uno con la mano para que cayera al suelo; pero tuve que arrepentirme; porque experimenté que aquellos pelillos del gusano son duros, y no sólo espinan con dolor a un ligero tacto, sino que dejan un grande escozor, que me duró hasta muy entrada la noche. Con esto aprendí a no sacudirlos con la mano sino con un palito. Pero tales gusanos no son muy frecuentes; ni yo sabía de ellos después de muchos años y muchos y largos viajes en la California. Ni aun los de la comitiva parece que lo sabían; pero después otros más prácticos me confirmaron en la referida propiedad de tales insectos.
Entre los gusanos de primera magnitud hay dos especies de que se aprovechan los californios para comer. Unos se crían en ciertos árboles, otros en unas yerbas. De los primeros hay menos y por eso no es tan célebre para los indios su cosecha, como de los segundos que abundan mucho más. Pero ni de éstos hay todos los años ni se crían en todas partes; porque es necesario que llueva bien para que nazcan aquellas yerbas en que se crían, las cuales no nacen en todas partes sino en determinados parajes.
Cuando estos gusanos han crecido y llegado a su justa magnitud y sazón, van a recoger esa cosecha, de la cual no sólo comen aquellos días que dura, sino también guardan algo para después. Para comerlos luego o guardarlos, los limpian de este modo. Con una mano los cogen por la cabeza, y con dos dedos de la otra los estrujan suavemente, haciendo correr dichos dedos hasta el otro extremo o cola del gusano, por donde le hacen despedir, con estas friegas, toda la inmundicia, (o la mayor parte) , que tenía dentro, y después los tuestan. Para guardarlos hacen largas trenzas de ellos, como si fueran de cortas correas; pero sobreponiendo o añadiendo gusanos a gusanos, salen las trenzas largas. Los indios estiman mucho esta comida, por ser de mucho sustento y para su paladar suave y mantecosa”.
Bibliografía:
HISTORIA NATURAL Y CRÓNICA DE LA ANTIGUA CALIFORNIA - MIGUEL DEL BARCO

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