Autor: Sealtiel Enciso Pérez
En la California ancestral, con la llegada de los Jesuitas se inició el proceso de colonización de estas tierras pero también inició la creación del conocimiento escrito sobre todo lo que en ella acontecía. Muy interesantes son los textos que nos legaron los sacerdotes de las misiones en donde dejaron registrados muchos de los detalles de la vida silvestre con la que convivieron en aquellos años.
Tal es el caso del ignaciano Miguel del barco, que por espacio de 30 años vivió en estas tierras y que dejó un documento para la posteridad, donde registró sus múltiples observaciones. Tal documento es el libro “HISTORIA NATURAL Y CRÓNICA DE LA ANTIGUA CALIFORNIA”. De esta interesante obra hacemos la transcripción de este pasaje sobre una especie de animales con la que realizó una interesante investigación: Las avispas.
“No se ha visto abejas en esta península; pero hay muchas avispas, y éstas son de dos especies. La primera es de las que podemos domesticar porque anidan en las casas o edificios. Éstas son largas en su línea; porque tienen el pecho notablemente separado del vientre y se comunican entre sí por medio de un delgado conducto que las une. Su color es casi amarillo.
El modo de anidar no es haciendo panales, como suelen semejantes insectos, sino que, con lodo, que pegan en la pared, o en otra parte, hacen una celdita proporcionada a su cuerpo. Cuando la avispa trae aquel poco lodo, que ella puede cargar en un viaje, lo lleva al sitio que ha escogido; allí lo arrima, y con su boca, comienza a hacer un ruido bien grande, como si tocara una trompetilla. Parece que con esto despide de la misma boca alguna saliva o humor glutinoso con que amasa el lodo, lo fortalece y hace que pegue bien. Hecho esto va por más lodo, el cual recoge de cualquiera parte donde halla agua a su orilla, coge aquella tierra empapada en agua, y la lleva a proseguir su obra. La pega a la que antes puso, y juntamente a la pared o sitio en que afianza la celdita. Este segundo lodo lo prepara y pega como el primero, y vuelve por más, hasta acabar su obra, repitiendo, siempre que pone nuevo lodo, el trompeteo.
Acabada la celdilla, pone en su fondo un menudo huevo, y después busca arañas pequeñas, que mata y trae a la celdilla hasta que la llena de tales arañas. Después cierra la puerta o boca de la celdilla con una tapa sutil de lodo y prosigue a fabricar otra celdilla, pegada con la primera por una parte, y por otra con la pared. Acabada esta segunda, pone sobre ella otra o más, de suerte que quedan pegadas tres o cuatro celditas. En cada una hace lo mismo que dije de la primera: pone el comienza el calor, se animan los huevos, y sale de cada uno un gusanito muy pequeño. Este se encuentra luego su alimento en las arañas, que su madre le dejó para su provisión.
De éstas va comiendo y creciendo y, cuando acaba de comerlas, es cuando ya ha llegado a su perfección. Entonces dentro de la misma celdita forma una especie de capullo, que es sólo una telita muy delgada y tierna. Dentro de ese capullo queda el gusano, y allí se hace crisálida o ninfa, que es una figura graciosa a modo de un difunto amortajado.
En fin, reviviendo hecha ya avispa, rompe la tapa de la celdilla y sale volando. Por el mismo tiempo salen también otras muchas, y luego comienzan éstas la tarea de fabricar nuevas celditas, poner sus huevos, y lo demás que dije de las primeras. Y como el calor es grande, presto salen de estos últimos huevos otras avispas, que luego se emplean en su oficio de fabricar, y lo demás que queda dicho. De suerte que, desde mayo hasta octubre inclusive, salen a luz tres o cuatro generaciones de avispas. En el invierno no las hay, Estas son inocuas, no pican ni causan otra molestia que el zumbido y trompeteo cuando pegan el lodo; y el ensuciar las paredes con el mismo lodo el cual, preparado por la avispa, queda tan duro y tan pegado, que con dificultad puede un hombre con la mano despegarlo o romperlo, no obstante que no era barro sino un lodo común y muy débil.
Las avispas de la segunda especie son pequeñas, bermejas y muy bravas. Sus piquetes causan mucho dolor e hinchazón; fabrican panales, pero sin miel, pendientes de los peñascos y cantiles, en donde hay alguna defensa de la lluvia. En las celdillas de los panales ponen sus huevos, de que después nacen gusanos para ser últimamente avispas.
Estos gusanos son para los indios un manjar delicioso, por eso a veces, para coger dichos panales, andan entre precipicios con gran riesgo de la vida”.

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